La temporada 2025-26 de los Toros del Este nos dejó una lección clara: cuando una organización decide cambiar de verdad, el resultado se ve en el terreno… y se siente en el clubhouse.
Venimos de cuatro temporadas cerrando en el último lugar. De ser “la burla” para muchos, pasamos a convertirnos en el foco de atención por un desempeño extraordinario, dentro y fuera del campo. Y ese salto no ocurre por accidente.
El punto de inflexión fue apostar por liderazgo y método. La llegada de Víctor Estévez (“Vitico”) no solo trajo estrategia: trajo comunicación, cercanía, credibilidad y una cultura de respuesta. Un dirigente capaz de conectar con jugadores y staff, y de alinear el día a día con un objetivo común.
A la par, el trabajo del equipo de operaciones encabezado por Jesús Mejía fue clave para que esa visión se ejecutara. Se hicieron cambios. Salió gente. Llegaron piezas que aportaron rendimiento y liderazgo. Se construyó un grupo con identidad.
En mis años como jugador y luego desde las oficinas, pocas veces vi un clubhouse con líderes tan unidos como el de esta temporada. Mi colega y amigo Víctor Báez me lo decía antes de mi llegada a La Romana: “Tienes que venir para que veas lo que estoy viviendo”. Y tenía razón. Había algo diferente: una vibra sana, competitiva y comprometida.
Muchos recordarán la 2019-20 como la gran temporada de la franquicia: ganamos todo de punta a punta y conquistamos la corona del Caribe. Pero lo vivido en 2025-26 fue distinto: fue reconstrucción, resiliencia y convicción. Fue volver a creer.
En el terreno, el liderazgo también tuvo rostro:
- Eloy Jiménez, comandando con carácter y presencia, respondiendo en diferentes roles y sosteniendo al grupo en momentos clave.
- Gilberto Celestino, explotando su talento con mentalidad y consistencia, convirtiéndose en bujía y ganándose el respeto de la afición taurina.
- Aaron Sánchez, demostrando dominio en cada salida y ganando el premio a Lanzador del Año.
- Y un cuerpo de pitcheo que supo responder cuando se le necesitó: Emailín Montilla, Yohan Ramírez, Yaramil Hiraldo, Joe Corbett, Jimmy Yacabonis, Justin Courtney, Aaron Brooks, Carlos Rodríguez, Liranzo, entre otros.
Y cierro con Bryan De La Cruz: nuestro Más Valioso. Fue el bate más temido del torneo y símbolo de lo que fue esta campaña: rendimiento, enfoque y hambre de competir.
Pasamos de ser los últimos en los pronósticos, a volver a una Serie Final por primera vez en seis años.
Mi abuelo Rafael Puesan me decía: en la vida se gana y se aprende.
El Torolio ganó, volvió y volverá. Se aprendió, y mucho.
El sello de este grupo quedó grabado en el corazón de una afición que creyó, lo disfrutó y se quedó con sed de triunfo. Y serán testigos de lo que viene.